Nub Souen (IDEA – Cambodia)

Hace calor, humedad, y ya hay una gran actividad en el mercado Phsar Douem Kor en Phnom Penh, Camboya, y son solo las 10 de la mañana.

Algunos clientes circulan por el mercado en scooteres y motocicletas hasta sus puestos favoritos mientras que otros pasean inclinándose sobre cestas de limas, zanahorias, pepinos y col china –o cualquier otra fruta o verdura que puedan necesitar–.

Los vendedores y vendedoras evitan los fuertes rayos de sol bajo sombrillas de rayas con colores vivos, mientras alrededor van apareciendo los olores del mercado ‒pieles de verduras, productos ver dos, y cestas húmedas–. El ruido del trá co llega desde tres lados del mercado. Los peatones sortean con con anza el con nuo paso de tuk-tuks, motos, coches y camiones.

Al nal de la calle, justo a la salida del mercado, NUB SOUEN junto a sus hijos y nietos permanece sentada a la sombra, bajo un entramado de lonas. Aquí pasa cada día, Souen, una vendedora ambulante, de las seis y media de la mañana a las nueve de la noche, vendiendo patatas y pequeñas naranjas para zumo. Sus hijos, de entre 3 y 14 años, también pasan aquí muchas horas. Los más mayores enen las vacaciones de verano en la escuela, y en Camboya, los niños pequeños no empiezan la escuela hasta que cumplen seis años.

Como dice Souen, puede ser muy di cil trabajar al mismo empo que cuida de sus hijos, pero no ene otra opción. Si no trabaja, no puede dar de comer a su familia. Esto representa especialmente un problema cuando los niños se ponen enfermos, y ella debe quedarse en casa cuidando de ellos. Cuando esto sucede, la familia ene que pedir dinero prestado para comprar comida.

Este es el mismo círculo vicioso que afrontan en todo el mundo las madres y abuelas que trabajan como vendedoras ambulantes: a veces, ellas enen que conseguir el dinero su ciente para sobrevivir, pero raramente ganan lo su ciente para costear el cuidado de sus hijos. Y como trabajadoras en la economía informal, no disponen de acceso a prestaciones sociales ni programas que ayuden a sus familias a conseguir una mayor seguridad. Aun así, como Souen, las vendedoras ambulantes persisten, trabajando duro cada día con la esperanza de mantener a sus familias y educar a sus hijos para poder salir del círculo de pobreza.

A sus 50 años, Souen lleva trabajando 14 años como vendedora ambulante, y muestra unas ojeras muy pronunciadas debido a sus largas jornadas y a sus preocupaciones. Uno de sus hijos ha pasado el día anterior en el hospital con febre y problemas intestinales, lo que supone un incremento de los gastos familiares. Todavía sin haberse recuperado, yace cerca con una toalla en la frente mientras sus hijos pequeños juegan en un tuk-tuk estacionado.

A pesar de que los niños pueden llegar a aburrirse o enfermar, Souen agradece que al menos estén seguros. Cuando ella comenzó a vender en la calle, su familia sufría acoso continuo. Como cuenta Souen, por aquel entonces sus hijos eran muy pequeños, y a veces la policía los me a en el camión de policía y los amenazaba confiscararlos a la basura.

Esta era solo una de las dificultades que afrontaba a diario su familia ‒los guardas de seguridad también les acosaban, y las autoridades locales le pedían sobornos para no ser desalojados–. Como cuenta Souen, a menudo la policía confiscaba sus productos. En esos días, que como ahora, dependían de cada céntimo, la familia no podía generar ingresos.

Pero cuando un organizador de IDEA visitó el mercado en 2013, las amenazas a sus ingresos empezaron a cambiar. La Asociación Democrática Independiente de la Economía Informal, o IDEA por su sigla en inglés, es una fuerte y singular líder en el ámbito del trabajo en Camboya. A diferencia de muchos sindicatos en Camboya, no está asociada a ningún partido político y está comprometida de forma independiente a la mejora de las condiciones económicas y sociales de los trabajadores y trabajadoras en empleo informal como en la venta ambulante, el trabajo del hogar, transporte (tuk-tuk y moto-taxis), y reciclaje.

Creada en 2005, IDEA proporciona servicios a sus miembros tales como asistencia y formación legal en lo rela vo a leyes, derechos, y derecho de organización. También trabaja con autoridades locales y gubernamentales para la creación de polícias de protección social y norma vas de trabajo basadas en convenios de la OIT. Como miembro de la organización de vendedores y vendedoras ambulantes StreetNet Internacional, IDEA comparte con sus miembros las buenas práticas en organización, movilización, incidencia, y fomento de capacidades que aprende de organizaciones de vendedores ambulantes de todo el mundo.

A pesar de que no existe un estudio formal sobre el número de personas que trabaja en la venta informal en Phnom Penh, representan una parte visible de la vida diaria de cada calle, vendiendo desde productos frescos y comida preparada a bebidas frescas, ores para ofrendas en templos, y productos para el hogar. Actualmente IDEA cuenta con 600 miembros, vendedores y vendedoras ambulantes, y a menudo trabaja de forma individual proporcionándoles asesoramiento, apoyándoles en la reivindicación de sus derechos, y en la negociación con las autoridades locales cuando se ven amenazados por desalojos y decomisos.

Por lo tanto, no es de extrañar que cuando Souen habló al organizador de IDEA sobre el acoso de la policía, especialmente el que sufrían sus hijos, IDEA trasladó el problema a las autoridades y a los medios, atrayendo incluso la atención del primer ministro. El caso se convir ó en una no cia importante, y la policía se vio obligada a abandonar estas acciones. Actualmente, la policía ya no amenaza con deshacerse de los niños, y las autoridades, como cuenta Souen, “saben que es mejor no pedir sobornos a los miembros de IDEA”.

Muchos vendedores, especialmente los que no son miembros de IDEA, son todavía desalojados o desplazados regularmente de sus lugares de trabajo, sin embargo, cuando le dicen a Souen que mueva su puesto, suele ser solo para apartarse un poco de la carretera.

Para Souen, la vida en el mercado también ha mejorado de otras formas desde que se unió a IDEA. Gracias a las formaciones recibidas con IDEA, ahora conoce sus derechos y ha aprendido a defender tanto los suyos como los de otros vendedores. Ella se ha convertido en una líder local. Cuando otros vendedores enen problemas, Souen los lleva a reunirse con el gerente del mercado. Ahora, el gerente la escucha, y los guardas de seguridad la respetan. Si no logramos resolver el problema, dice Souen, “tenemos esperanza porque sabemos que IDEA vendrá. Tenemos apoyo. Esto me hace sentir segura”.

Aun así, como vendedora ambulante, Souen todavía se enfrenta a diario a situaciones de inseguridad. Ella teme que, como sucede en tantas otras ciudades en el mundo, las autoridades cierren el mercado, y se vea obligada a trasladarse a otra zona donde no exista una afluencia natural de clientes. Entonces le sería más complicado ganarse la vida, y su sueño de llevar a sus hijos y nietos a la escuela, y a empleos formales sería mucho más di cil de conseguir.

Ella espera poder conseguir más cambios y estabilidad a través de su empoderamiento y el de otros. Como cuenta ella, los miembros de IDEA en el mercado “Se sienten un poco más fuertes. Antes no conocíamos nuestros derechos, pero ahora sabemos que somos ciudadanos. Podemos solucionar nuestros problemas”.